Galicia padece una catástrofe ecológica por los incendios forestales

Galicia padece una catástrofe ecológica por los incendios forestales

10 August 2006

published by www.rebelion.org


Los intereses especulativos que pretenden marbellizar una buena parte de la costa galega, así como comarcas enteras como la de Maía, en las proximidades de Compostela, están tras la mayor ola de incendios que padece Galiza en los últimos 40 años.

Un año más, arde el País por el fuego forestal, pero en esta ocasión no podemos decir que arde por los cuatro puntos cardinales. Llama la atención que los incendiarios estén concentrando su actividad terrorista en el suroeste del território nacional, de las Rias Baixas a las sierras costeras, en las zonas más densamente pobladas donde los fuegos son percibidos de manera directa por más de la mitad de la población del País. También es destacable la ola incendiaria concentrada en la capital y su comarca.

Estos datos objetivos conducen a pensar que los incendiarios pretenden que la sensación de caos llegue directamente a la mayoría de la población. Pero no solo se pretende generar alarma y pánico.

Los intereses especulativos que pretenden marbellizar una buena parte de la costa galega, así como comarcas enteras como la de Maía, en las proximidades de Compostela, están tras la mayor ola de incendios que padece Galiza en los últimos 40 años.

El fuego forestal es utilizado para arrasar la masa forestal y todo tipo de terrenos rústicos, con el fin de facilitar la construción desaforada que define el urbanismo en Galiza. La tibia legislación de la “Ley de Montes” no sólo permite estas práticas, sino que su incumplimiento por la mayor parte de los ayuntamientos facilita que, todos los años, una buena parte de la superficie forestal galega pase a ser ceniza para después levantar edificios y urbanizaciónes.

Pero, si aquí radica la principal causa de la quema del monte, ésta no es la única. Sin duda, la política tendente a cambiar las práticas caciquiles y clientelares de muchos ayuntamientos en la contratación del personal de las cuadrillas por su gestión centralizada a nivel autonómico, extendió el resentimiento entre tantos “estómagos agradecidos”. Alguna detención en los últimos días apunta en este sentido.

Por lo demás, el problema responde a causas estructurales que poco o nada han cambiado. En primer lugar, la política forestal de culto al cultivo forestal-industrial cortoplacista, empezada con la expropiación de los montes comunales durante el franquismo, y continuada en la era Fraga, es apoyada por los oligopolios de la madera triturada y de la celulosa (ENCE, TAFISA, FIMSA) e impulsada por el círculo de influencia del PP (Jóvenes Agricultores, Silvanus, Associaçom Florestal da Galiza), y del PSOE (AFRIFOGA), que insiste en la confusión y diferenciación interesada entre bosque y masa forestal. Pues, mientras el primero no deja de disminuir, la segunda no deja de aumentar en forma de monocultivos de especies alóctonas (pinos y eucaliptos), que ocupan los terrenos de labradío donde languidece la actividad agrícola.

El nuevo gobierno autonómico carece de valentia para desafiar los intereses de los grupos económicos que obtienen la madera a bajísimo precio y cuyos portavoces aparecen en los media quejándose cinicamente desta “lacra”.

Las políticas de los ayuntamientos afectados siguen estando influídas por concepciones que no cuestionan el modelo heredado. Así, hace pocos meses, se anunciaban subsidios a la repoblación con pinos, y se exigia la “limpieza” del matorral, medida tan difícil como costosa e indeseable, de nefastas consecuencias ecológicas, fruto de un anacrónico enfoque que pretende substituir el aprovechamiento integral del monte en el pasado, y dar salida a la masa orgánica “sobrante”, en un escenario completamente distinto, donde la población rural vive en gran parte ajena y desconectada del medio, y desordenadamente establecida, con masas arbóreas plantadas alrededor de sus casas y casas “plantadas” en el medio de masas arbóreas.

Las soluciones a este grave problema ecológico y socioeconómico que arrastra Galiza desde hace más de tres décadas son de carácter estructural: pasan por una nueva política integral que recupere el medio rural, viabilizándolo económica y socialmente, que modifique radicalmente la política forestal impuesta por el gran capital. Sin embargo, es necesario hacer frente aquí y ahora a la destrucción planificada del monte.

El actual gobierno bipartito PSOE-BNG tiene responsabilidades directas en el actual desastre que padece Galiza, com más de cien incendios diarios, que ya han provocado tres muertes, la destrucción de más de 25.000 hectarias, la angustia y el terror en miles de familias que ven amenazadas sus viviendas y propiedades, el corte de carreteras, ferrocarriles y otras vías de comunicación.

El País continúa sin medios terrestres y aéreos suficientes para paliar la ación de los incendiarios. Sin recursos profesionalizados para combatir el fuego. La improvisación y carencia de medios, y sobre todo la continuación de la estrategia aplicada por el PP en los 15 años de fraguismo, dan como resultado la actual catástrofe.

NÓS-UP solicita responsabilidades directas, por la actual situación que vive una buena parte de la población galega, al gobierno de Tourinho-Quintana, que se mueve entre el victimismo y la resignación paralizante de Soares Canal y el triunfalismo de Toruinho, que afirma que todo está bajo control.

Hay que actuar con firmeza y determinación, sin negar las evidencias que todo el mundo sabe y conoce.

NÓS-UP apela a la movilización social para denunciar y presionar a las autoridades autonómicas a favor de un cambio radical de políticas que perpetúan la destrucción de nuestros montes, y la adopción de medidas excepcionales para cortar de raíz la ola de incendios.


 

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